Ayleen es matrona en Chile. Sabe exactamente qué es un DIU y qué implica sacárselo. Aun así, tuvo que pedirlo siete veces en la misma consulta.
Cada vez que insistía, el ginecólogo repetía que “iba a volver embarazada”, que “las mujeres son complicadas”, que él “no entendía a las mujeres”. No le explicaba riesgos: le discutía la decisión, como si su opinión pesara más que meses de pensarlo de parte de ella.

Ayleen salió de esa consulta llorando, no por el procedimiento, sino por tener que convencer a alguien de que su cuerpo le pertenece a ella. Su testimonio abrió una pregunta incómoda: ¿cuántas mujeres normalizan escenas así porque el médico “tenía buenos comentarios en internet”? “Informar es parte del trabajo médico. Debatir una decisión ya tomada, no.” ¿Tú qué opinas?
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