Gemma Whyatt tenía una vida como la de cualquier niña, hasta que llegó la adolescencia.

Nació con nevus melanocítico congénito, una afección incurable que le dejó marcas en la parte superior de la espalda, el cuello, el pecho y la oreja, además de cientos de manchas más pequeñas por todo el cuerpo. De pequeña no le daba importancia. Practicaba gimnasia con un leotardo que dejaba todo a la vista. Pero a los 13 empezó a sentirse distinta, y no conocía a nadie más con su condición. Se refugió en bufandas, mangas largas y trajes de baño completos.

Cuando tenía 17 años reservó unas vacaciones en España con una amiga y se puso un bikini por primera vez en años. Nadie se quedó mirando ni dijo nada. Ella lo recuerda como una terapia de exposición.

Hoy, con 24 años y estudiando cuarto año de medicina en Leeds, es una de las 30 personas con esta condición que participan en la exposición “¿Cómo me ves ahora?”. Posó sin maquillaje ni peinado frente a un fotógrafo desconocido y lo describe como aterrador. Aun así, ya le escriben desde distintos países padres de niños que buscan esperanza.

“La belleza no reside en la ausencia de marcas de nacimiento, sino que puede ser belleza precisamente por las marcas”, dice.

