Addison Steiner, de 31 años, jugó un partido en Melbourne sin saber que su rival era una mujer transgénero. Solo lo descubrió cuando terminó el encuentro.
“Esta jugadora es una auténtica bestia”, confesó la exfutbolista profesional estadounidense, describiéndola como más rápida, más fuerte y más técnica que las jugadoras más veloces de la liga. Tiempo después, esa misma jugadora se llevó el premio a máxima goleadora en la principal competición eliminatoria femenina del estado de Victoria.

Otra futbolista, excompañera de equipo, sumó su propio testimonio: dijo que varias rivales admitieron tener miedo de entrarle a los duelos por el balón. Cuando llevó su preocupación a Football Victoria, la respuesta institucional fue clara: la inclusión es su “máxima prioridad”. El director ejecutivo Dan Birrell confirmó que no existe ningún requisito para que las jugadoras revelen su sexo biológico de nacimiento. ¿Dónde está el límite entre inclusión y equidad?

