Aleyda Romero Victorio tenía 21 años y estudiaba enfermería en Chalco, Estado de México. Los fines de semana cuidaba niños para pagarse la carrera, y esa tarde de septiembre de 2026 cuidaba al hijo menor de Jonathan Meléndez, tecladista y cofundador de Camilo Séptimo.

Cuando el peligro entró a la casa del fraccionamiento Grand Viure, en Atizapán de Zaragoza, Aleyda no pensó en huir.

Según relatos de familiares y medios, le dijo al niño de 6 años que se metiera bajo la cama y no saliera pasara lo que pasara. Él obedeció. Ella salió de la habitación.

Esa noche murieron Jonathan, su esposa Ana Paula —embarazada de cuatro meses— y su hija Sofía, de apenas 3 años. Aleyda también.

Pero el niño sobrevivió, escondido, en silencio, exactamente como ella le pidió.
Su familia exige hoy que la recuerden por su nombre: Aleyda Romero Victorio, la joven que convirtió sus últimos minutos en un acto de amor.

