Artista italiano vendió una escultura invisible por casi 18.000 dólares y terminó acusado de plagiar una obra que… tampoco existe

Por Valeria Urra
24 September, 2026

Salvatore Garau no necesitó ni un bloque de mármol.

El artista italiano presentó “Io Sono” (Yo Soy), una escultura que, según él, ocupa un espacio de 150 por 150 centímetros en una plaza de Milán. El detalle es que ahí no hay nada: ni una figura, ni una base, ni un hilo. Aun así, un comprador pagó casi 18.000 dólares por adquirirla, certificado de autenticidad incluido.

El problema llegó después. El artista francés Boyer Tresaco salió a decir que él ya trabajaba con esculturas invisibles años antes que Garau, y lo acusó públicamente de plagio. La pregunta que quedó flotando en redes fue inevitable: ¿cómo se copia algo que no se puede ver, tocar ni medir? Garau nunca respondió con el mismo tono de la polémica, y su obra invisible sigue, técnicamente, en el mismo lugar donde la dejó.

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