Eric Scott Esch, más conocido como Butterbean, se paró frente a gigantes del boxeo sin bajar la guardia. Ni siquiera Mike Tyson lo hizo dudar cuando en 2020 le lanzó un desafío público. Pero hay una pelea que libró lejos de las cámaras, y esa le costó mucho más.

A sus 58 años, el excampeón de peso pesado confesó a The Mirror que arrastraba una adicción a las relaciones sexuales desde la escuela, cuando el sobrepeso lo convirtió en blanco de burlas y sus compañeras lo ignoraban. Esa herida de infancia se transformó, con los años, en un problema que puso a prueba su matrimonio con Libby Gaskin.

“He estado casado mucho tiempo y siempre he amado a mi esposa, pero eso era algo que siempre me costó superar”, admitió. Hoy asegura que dejó atrás la adicción y que, con la misma confianza que lo llevó a desafiar a Tyson, está listo para su próxima pelea: la del cuadrilátero.
