Robbie Williams, de 52 años, lo dijo frente a cámaras en Londres, sin rodeos: le acaban de diagnosticar autismo. Ya cargaba con TDAH desde 2006 y con sospechas de Tourette. Su frase fue clara: “algo que en realidad me encanta porque explica muchísimo”.


Una parte del público lo aplaude: hablar de neurodivergencia a los 52 ayuda a que otros adultos se animen a buscar respuestas que arrastraron toda la vida.

Otra parte desconfía: dice que todo se ha vuelto una etiqueta para justificar cualquier comportamiento, y que Williams ahora usa el autismo como excusa para “todas las cosas raras” que hace.


¿Es honestidad valiente o una forma cómoda de blindarse ante la crítica? 🤔
