Desde afuera parecían 4 puntos negros distintos, apretados dentro del mismo oído. Pero era uno solo. Un poro dilatado de Winer, dicen los dermatólogos, que llevaba años —quizás décadas— sin vaciarse.
En el video, una pinza entra directo al centro del oído. Con cada movimiento sale más y más grasa endurecida, un núcleo compacto que no debería caber ahí. El dermatólogo trabaja con calma, como quien ya sabe lo que va a encontrar.
Lo inquietante no es lo que se ve — es pensar cuánto tiempo estuvo formándose ahí dentro, sin que nadie lo notara. 🫣
