Patrick Barnett llamó al 911 a las 6:01 de la mañana. Dijo que su esposa Lindsey, de 37 años, se había cortado el cuello en la ducha de su casa en Lakewood, Colorado. Habló de depresión posparto, de un intento de suicidio el fin de semana anterior, de una mujer que ya no soportaba vivir.

La madre de Lindsey desmintió esa versión. Su hija nunca había hablado de quitarse la vida. Los investigadores encontraron arañazos en el cuerpo de Barnett, que él atribuyó a un torneo de ultimate frisbee, y moretones sin explicación en el cuerpo de Lindsey. Cuando le preguntaron por una infidelidad, la negó. Después la admitió.

Ese mismo 13 de agosto, horas después de la llamada al 911, la policía lo detuvo en un control de tráfico. Hoy enfrenta cargos de asesinato en primer grado, manipulación de cadáver y manipulación de evidencia. Sus dos hijos, de 1 y 3 años, estaban en la casa cuando todo ocurrió. No sufrieron heridas físicas.

