Robert Overacker llevaba 7 años preparando este momento.

El 1 de octubre de 1995 llegó al borde de las cataratas del Niágara montado en una moto acuática. Se ató un paracaídas, se puso un salvavidas y colocó al frente de la moto un letrero que decía “Salva a los sin techo”. Su plan: acelerar hasta el final del agua y activar un paracaídas propulsado por un cohete que lo elevaría y lo alejaría de la moto para un descenso controlado. Habría sido el primero en sobrevivir a ese salto.

Más de 3.000 turistas observaban. Su hermano filmaba para dejar registro de la protesta. Overacker llegó triunfal al precipicio, pero el cohete nunca se disparó y el paracaídas no se desplegó. La foto captó el instante en que él y la moto ya se habían separado, con el vacío por delante y una pared de agua detrás.
