“Esta línea es mía”, eso le dijo un vendedor ambulante a un joven que intentaba ganarse unos pesos vendiendo golosinas Billiken en el subte de Buenos Aires. El cruce fue captado en video y publicado por el medio El Impacto y en pocos horas encendió las redes.

Lo que parece una pelea entre dos personas en un vagón es, en realidad, la cara visible de algo mucho más estructurado. En el Área Metropolitana de Buenos Aires existen organizaciones que operan hace años en el transporte público y deciden quién puede trabajar, en qué línea y bajo qué condiciones. Si alguien intenta ganarse la vida sin pasar por ese filtro, las amenazas y las agresiones físicas son la respuesta. No hay sindicato ni contrato pero si hay territorio.

El episodio reavivó un debate que la crisis económica vuelve urgente. Mientras miles de personas buscan cualquier forma de generar ingresos, algunas mafias bloquean incluso esa salida. ¿Hasta cuándo las autoridades van a mirar para otro lado?

