Ariane tenía 26 años y llevaba una década usando la misma crema.


Era estudiante de arte, vivía en Francia y de adolescente le habían recetado un esteroide tópico para un brote de eczema. Desde entonces repitió el tratamiento en cada recaída, siempre con indicación médica. La piel mejoraba y el brote volvía a aparecer, pero la rutina funcionaba. Hasta 2017, cuando la piel empezó a reaccionar de forma extraña y la crema dejó de hacer efecto.


Ariane la abandonó. Lo que vino después no se parecía a ningún brote anterior: según contó, su cara se hinchaba y se cubría de costras amarillas, y las llagas también aparecieron en brazos y piernas. Investigó por su cuenta y dio con un término, síndrome de abstinencia de esteroides tópicos. Es un diagnóstico controvertido, sin criterios formales, y los médicos no conocen su causa exacta.



Pasó un mes encerrada en su habitación, incapaz de ver a nadie. Se sentía asqueada de su propia piel, y recuerda que no saber qué le ocurría fue debilitante y aterrador.
