En 2003, cuando su familia nombró a Theresa Kachindamot como jefa tradicional de Dedza, en Malaui, no confiaba en la decisión: sería la primera mujer en ocupar ese trono, reservado siempre a hombres.


Todo cambió el día que encontró a una niña con un bebé llorando en su regazo, la niña tenía 11 años. Ese momento la partió en dos, reunió a sus más de 50 subjefes y les dio una orden simple: se acababan los matrimonios infantiles bajo su jurisdicción. A quien la desobedeciera, lo destituía sin dudar — y llegó a hacerlo con 62 líderes.
Recibió amenazas de muerte, gritos, familias que la acusaron de traicionar la costumbre pero ella siguió.
Al final de su vida, había anulado más de 3.500 matrimonios y devuelto a miles de niñas a las aulas, muchas con sus estudios pagados de su propio bolsillo.
En 2017, Malaui prohibió por ley el matrimonio antes de los 18 años.


Theresa murió en 2025, pero cada niña que hoy va a la escuela en Dedza en lugar de cargar un bebé lleva, sin saberlo, un pedazo de su legado.
