Molly cayó del nido sin plumas para volar, sola en un parque de Queensland, Australia.
Juliette Wells y su pareja la recogieron pensando en cuidarla unos días. Pero Peggy, su perra Staffordshire, empezó a mirarla distinto. Días después, sin haber tenido cachorros, su cuerpo comenzó a producir leche. La adoptó como propia.


Hoy corren juntas, toman sol, se acurrucan, y Molly ladra imitando a su madre con una precisión que desarma a cualquiera. Hasta sobrevivieron una separación forzosa por las autoridades australianas, que generó más de 96 mil firmas pidiendo reunirlas. Volvieron a estar juntas, y ahí siguen: durmiendo cerca, buscándose, eligiéndose cada día. La familia comparte todo en @peggyandmolly, y cada video repite lo mismo — que el amor no pregunta de qué especie eres.
