Cuando el Acuario de Toba, en Japón, cierra sus puertas, empieza el último turno del día.
Dos nutrias marinas, Mei y Kira, de 21 y 17 años según medios que siguieron la información del video viral, recogen conos y flotadores del tanque y los llevan hasta la orilla. Ahí los recibe su cuidador. Nadie les grita ni las empuja: lo hacen nadando, uno por uno, hasta dejar todo el estanque ordenado.
El pago llega enseguida, y es modesto: cubos de hielo que reciben mientras siguen flotando en el agua. El acuario, ubicado en la prefectura de Mie, a unas dos horas de Osaka, tiene una de las colecciones más grandes de Japón, con unos 1.200 ejemplares.
Los especialistas citados por algunos medios lo explican como enriquecimiento ambiental: dinámicas pensadas para mantener activas sus capacidades cognitivas.
