
Un abuelo japonés se propuso una misión simple: una foto bonita junto a sus dos gatos en un campo de girasoles. Sus mascotas, Chouchou y Miko, tenían otros planes.
Chouchou es un gato blanco de cola negra que fue rescatado en 2016 y se volvió miembro oficial de la familia en 2021. Miko es la más joven de la casa y, según parece, la más rebelde frente a cámara. El 16 de agosto, durante un viaje a Hiroshima para asistir al festival Wanwan Natsu Matsuri, los tres se plantaron entre las flores amarillas para el retrato familiar. Los gatos empezaron a bufarse, a forcejear y a poner caras de indignación absoluta.


Él, en cambio, sostenía a sus dos gatos con una sonrisa que no se movió ni un milímetro. Las fotos, publicadas en su cuenta @catwolf0314 muestran esa mezcla perfecta entre ternura y desastre que solo los animales saben crear justo cuando alguien quiere quedar bien en una foto.

