Locklan Samples tenía el pelo oscuro y suave, como cualquier bebé, hasta que cumplió 6 meses.


Fue entonces cuando su cabello empezó a cambiar sin pedir permiso: perdió el color, se volvió rubio blanquecino y se levantó en todas direcciones. Su madre, Katelyn, lo mojaba, lo secaba y lo cepillaba, pero daba igual: en cuanto el pelo se secaba, volvía a erizarse. Su pediatra, en Roswell, Georgia, tampoco supo explicarlo.


La respuesta llegó por un camino inesperado. Un desconocido le escribió por Instagram para preguntarle si a su hijo le habían diagnosticado el síndrome del cabello impeinable.
Katelyn nunca había oído esas palabras. Los especialistas del Emory University Hospital, en Atlanta, analizaron muestras de pelo al microscopio y confirmaron el diagnóstico: una condición genética de la que se conocen unos 100 casos en el mundo.


La dermatóloga le confesó que solo había visto algo así una vez en 19 años de carrera. Hoy el pequeño Lock tiene su propia cuenta de Instagram, y su madre dice que ya no pueden ir a ningún lado sin que alguien sonría y pida tocarle el pelo.
