Carlos Barragán notó que su madre se sentía sola y le sugirió descargar Tinder. Nunca imaginó que esa idea abriría la puerta a un dolor de años.
Silvia, de 55 años y divorciada casi una década, conoció en la app a “Brian”, un supuesto soldado estadounidense destinado en Siria que prometía mudarse con ella a España.

Carlos, periodista de investigación en Madrid, rastreó sus correos y descubrió que la dirección IP no venía de ningún cuartel militar, sino de Nigeria.
Lo que siguió fue un viaje de cuatro años. Voló a Lagos, entró al barrio de Ikotun y allí un contacto llamado


Biggie le mostró el mundo de los “Yahoo Boys”. Esperaba encontrar criminales sofisticados; encontró jóvenes sin estudios ni dinero, atrapados también en una red que los explota.


Ese hallazgo se convirtió en su libro, y en una pregunta que todavía lo persigue: ¿quién es realmente la víctima cuando el engaño nace de la pobreza?

