
Gelato pesaba menos de medio kilo cuando llegó al refugio Cincinnati Animal CARE. Lo habían encontrado corriendo por una carretera junto a otros cuatro gatitos, todos detrás de un plato de comida. Tenía una lesión en la columna: sentía sus patas traseras, pero no lograba pararse en ellas.
Ninguna silla de ruedas del refugio era lo bastante pequeña para él. Mallory Smith, su cuidadora, no esperó a que llegara una a medida: tomó cartón, reglas de madera, cinta adhesiva y autitos Hot Wheels, y armó una silla improvisada para que Gelato pudiera moverse mientras recuperaba fuerzas.
Con el tiempo llegó una silla impresa en 3D, ajustable a su crecimiento. Pero lo que nadie esperaba fue lo que pasó después: Gelato empezó a pararse solo, sin ayuda, por unos segundos cada vez. Smith cree que algún día podría dejar la silla por completo.

