En 1995, McArthur Wheeler asaltó dos bancos en Pittsburgh sin máscara y mirando directo a las cámaras. Su brillante idea era cubrirse la cara con jugo de limón porque creía que eso lo haría invisible.

El hombre sabía que el limón servía como tinta invisible y pensó que también engañaría a las cámaras. Incluso hizo una prueba con una Polaroid y, como la foto salió mal, quedó convencido de que el plan funcionaba.

Horas después, la policía mostró el video en televisión y lo reconocieron enseguida. Al ser arrestado, Wheeler solo dijo: “¡Pero usé el jugo!”. Terminó condenado a 24 años de prisión y pasó a la historia por el robo más absurdo jamás grabado.

