Chris Francisco tiene 32 años, autismo y ningún empleo estable. Pero durante más de dos años, guardó 8 centavos de dólar bajo su cama en Filipinas, sin falta, sin saltarse ni un día. 💛

Cuando abrió ese escondite, tenía reunidos unos 230 dólares. Con todo ese dinero compró 160 cajas de crayones y las repartió entre niños de familias de bajos recursos que nunca habían tenido uno. La maestra que lo vio llegar con los paquetes bajo el brazo no supo cómo describirlo mejor: “un niño especial con un corazón especial”.

Chris no buscó reconocimiento ni cámaras. Solo sabía que esos niños necesitaban colores y que él podía dárselos si esperaba lo suficiente. A veces la generosidad más grande no viene de quienes más tienen, sino de quienes deciden dar aunque casi no tengan nada. 🖍️❤️

