Labios rosados, carnosos, perfectamente delineados. Piel azulada en el rostro y una nariz tan chata que casi no existe. Si vieras esta cara sin contexto, jurarías que alguien pasó por el quirófano.

Pero el Rhinopithecus bieti, conocido como langur negro de nariz chata, nunca tocó un bisturí. Vive en los bosques de coníferas de Yunnan y Tíbet, China, entre los 3.000 y 4.500 metros de altura, en grupos que pueden juntar hasta 300 individuos y comer casi solo líquenes para sobrevivir el frío extremo.
Esa cara que parece retocada es en realidad el resultado de millones de años de evolución en las montañas más altas de Asia. Y hoy, esa misma naturaleza que lo hizo tan particular está desapareciendo: la pérdida de su hábitat lo tiene entre los primates más amenazados del planeta.



