Billy Caldwell tenía 12 años y los médicos ya lo habían puesto en cuidados paliativos. Sufría hasta 800 convulsiones al día, no podía pararse solo y lo alimentaban por sonda.

Su madre, Charlotte, no aceptó esa sentencia: viajó a Canadá y consiguió un aceite de cannabis que le devolvió la estabilidad a su hijo.


En 2018 la Fuerza Fronteriza del Reino Unido le confiscó el medicamento en el aeropuerto de Heathrow, en Londres.
Billy volvió a convulsionar y terminó hospitalizado.


El caso se volvió tan grande que el propio Ministerio del Interior tuvo que devolverle el tratamiento por ’emergencia médica’, y meses después el país reclasificó el cannabis medicinal, permitiendo que los especialistas pudieran prescribirlo legalmente.
