Benjamin Carstens tenía apenas días de nacido cuando dejó de comer con normalidad. Los exámenes mostraron algo alarmante. Niveles de amoníaco disparados en su sangre, producto de un trastorno genético llamado deficiencia de OTC, que ataca el hígado y puede ser mortal en minutos si no se controla.

Los médicos del Hassenfeld Children’s Hospital, en Nueva York, explicaron que solo un trasplante podía curarlo, pero Benjamin era demasiado pequeño para operarse de inmediato. Fue entonces cuando su padre, Brian Carstens, de 28 años, se ofreció como donante vivo. La cirugía quedó agendada para el 18 de agosto de 2025, día que resultó ser, por pura coincidencia, el cumpleaños de Brian.

Antes de entrar a quirófano, le pidió al cirujano que cuidara a su hijo. Al despertar, con el cuerpo adolorido por la operación, lo primero que preguntó fue por Benjamin. Nueve meses después, padre e hijo están sanos, y Brian asegura que lo haría otra vez sin dudarlo un segundo.

