“Así tenga que andar con los zapatos rotos, el estudio no les va a faltar.” Luis Adolfo Cordero lo dijo entre lágrimas, pero con una voz que no temblaba. Padre soltero de dos niñas en El Alto, Bolivia, lleva años solo al frente de una familia que la mamá abandonó cuando las pequeñas todavía eran muy chicas.

Para no caer, Luis arma su jornada en dos turnos: de día recorre los barrios lavando ropa ajena y busca zapatillas para limpiar; de noche convierte la mitad de su cuarto alquilado en un pequeño puesto de silpachos. Cada día invierte unos 11 dólares en los ingredientes y apenas recupera 3, lo justo para comer. Sin colchón propio, con meses de alquiler vencidos y después de que la Defensoría de la Niñez intentara quitarle la tenencia de sus hijas, nunca dejó de ir por ellas. Les armó escritorios con cajas de cartón para que pudieran hacer las tareas.

Cuando su historia llegó a Facebook, los mensajes de apoyo no pararon. “Usted es un ejemplo que muchos deberían seguir”, escribió una usuaria. Sus hijas lo resumieron mejor que nadie: “Es muy trabajador y se esfuerza por nosotras.” 💪

