Félix Cárdenas tiene una rutina que no ha roto en años. Caminar varias cuadras hasta un paradero oscuro y desolado para esperar a su hija Belén, cuando vuelve a casa.

Ella ya no es una niña. Tiene su propio trabajo, su propio ritmo de vida, y hace tiempo dejó el colegio. Pero para él eso nunca fue motivo suficiente para dejar de ir. “Se fue haciendo la idea de que yo tenía que aprender a soltarme más”, contó Belén, aunque admite que su papá jamás dejó de estar presente en las paradas.

Ella lo contó en Twitter sin imaginar que su historia llegaría a miles de personas en Paraguay y fuera de él. Solo quería decirle algo simple: “Viejito no quiero que nunca me faltes, te amo muchísimo”. Y en esa frase quedó resumido todo lo que un padre puede dar sin pedir nada a cambio.

