Un perrito no dejaba que nadie se le acercara a una pequeña gatita.
Los encontraron acurrucados entre dos baños portátiles en el Hampton Soccer Park, en Virginia. Angela Ward los vio primero, pidió ayuda por redes y llegaron varios rescatistas, pero el chihuahua de 2 años gruñía cada vez que alguien se acercaba demasiado a la gatita de pelaje esmoquin. Tuvieron que esperarlo, con paciencia, hasta que confiara.


En el refugio, donde perros y gatos suelen separarse, el personal notó algo raro: el perrito solo se relajaba cuando estaba junto a a la gatita. Así que decidieron ponerle Gomez al perrito y Morticia a la gatita. Organizaron citas de juego para no romper ese vínculo y los pasaron a un hogar de acogida mientras esperaban su turno. Ese día finalmente llegó y hoy tienen casa propia, la misma para los dos, porque nadie tuvo el corazón para separarlos.

