Lo que comenzó con una corbata terminó convirtiéndose en una lección que muchos de esos niños no estaban recibiendo en casa.
Raymond Nelson, profesor en una escuela de Carolina del Sur, notó que varios de sus alumnos crecían sin una figura masculina cercana que les enseñara ciertas normas de convivencia, confianza y respeto. Por eso creó el “Club de Caballeros”, una iniciativa que cada miércoles reunía a decenas de niños vestidos con camisa, chaleco o corbata.

Ahí no solo aprendían a saludar correctamente, mirar a los ojos o abrirle la puerta a otra persona. Nelson también hablaba con ellos sobre cómo tratar a sus madres, hermanas, maestras y compañeras, y sobre la importancia de comportarse con respeto dentro y fuera de la escuela.
Con el tiempo, el club reunió a cerca de 60 estudiantes y llamó la atención de otras escuelas, que comenzaron a interesarse en iniciativas similares.
Para esos niños, ponerse una corbata una vez a la semana terminó significando mucho más que verse elegantes: era sentirse acompañados, valorados y capaces.
