Malan Hughes solo iba a hacer una prueba de tuberculosis.
Era mayo de 2021, en una granja de Gwynedd, Gales del Norte, y entre las vacas había un ternero cruzado de raza dairy y British Blue, de apenas cuatro meses. Cuando la veterinaria se acercó a revisarlo, notó algo que ningún manual le había enseñado a esperar: un tercer ojo, ubicado en el exterior de la cara, con párpados propios, pestañas y una humedad que parecía secretar algún tipo de lubricante natural, tal como los otros dos.


“He visto corderos cíclopes, animales con dos cabezas, pero nunca algo como esto”, contó Hughes. Lo más intrigante es que, por fuera, el ojo extra se veía completamente sano. Lo que nadie pudo determinar es si detrás de él había algo funcionando realmente, o si era solo una réplica formada por un error de desarrollo antes del nacimiento. Para la Unión Nacional de Granjeros, se trató de un caso rarísimo, probablemente ligado a un problema genético durante las primeras semanas de gestación.
