Alexis Lorenze solo quería una transfusión.

Tiene 25 años, vive en Florida y desde enero de 2024 convive con hemoglobinuria paroxística nocturna, un trastorno sanguíneo genético tan raro que afecta a entre 0,5 y 1,5 personas por millón. Viajó a California para reponer sus células dañadas, pero, según contó, los médicos no iban a hacerle la transfusión si antes no recibía las vacunas contra el tétanos, la neumonía y la meningitis, las tres al mismo tiempo.

A los 10 minutos, su visión se oscureció en ambos ojos. Se le bloqueó la mandíbula, vomitó y su frente y sus ojos comenzaron a hincharse. Luego aparecieron manchas rojas en la cara, el cuello y el pecho, y hematomas de un púrpura intenso. “Esto es lo más aterrador que he vivido”, dijo entre lágrimas en una transmisión en vivo.

Los médicos consultados por DailyMail.com piden cautela: es una reacción extremadamente rara y creen que su enfermedad, no los componentes de las vacunas, pudo agravarla. Su padre, Todd, asegura que el estado de Alexis cambia “de hora en hora” y que la batalla puede durar meses o años.

