A Zoe le cortaron la parte inferior de las cuatro patas en Egipto. A Elliot, otros humanos le arrebataron las suyas. A Eddie lo dejaron tirado en la calle con la columna lesionada.
Nadie los quiso cuando más ayuda necesitaban. Hoy son parte de The Unstoppable Dogs, un grupo de más de una docena de perros con discapacidad que Debbie Pearl cuida en Huntington Beach, California. Con prótesis o sillas de ruedas, entran a hospitales, residencias de ancianos y escuelas, y hacen terapia asistida con animales donde el cariño y la compresión son el centro de todo.


Pearl lo explicó a CBS: busca perros que pasaron por un trauma, pero conservaron el don de perdonar. Esa resiliencia es lo que inspira a quienes los acarician.
Las personas que los visitan reciben una lección que ningún discurso logra: ser diferente no significa ser menos. Y lo enseñan perros a los que alguien intentó destruir.
¿Cómo se explica que quien más daño recibió sea quien más bondad y amor reparte?
