Una niña mexicana contó, sin drama y sin quejarse, que recibe apenas 30 pesos al día para el recreo.
Con eso se compra un plato de comida. No es mucho, y ella lo sabe. Pero cuando le preguntaron qué sentía al respecto, no habló de carencia ni de lo que le faltaba. Habló de gratitud. Dijo, con una sencillez que desarmó a cualquiera que la escuchó, que estaba muy agradecida con sus padres.
Detrás de esas pocas monedas hay un esfuerzo que ella entendió perfectamente: el de unos padres que hacen lo posible con lo que tienen. No pidió más. No comparó. Solo agradeció. Y ese gracias, dicho por una niña que entendió el sacrificio antes que muchos adultos, terminó enseñándole algo a todo el que vio el video.
