Ángela Karime Venegas Hernández tiene 16 años y una idea que nadie más tuvo.

Estudia en el CETIS 78 de Altamira, Tamaulipas, y un día decidió apagar una vela sin soplar, sin agua, sin nada más que sonido. Armó un dispositivo con una batería de 12 voltios, un generador de frecuencias y un parlante que emite 30 pulsos por segundo. Esa vibración empuja el oxígeno lejos de las llamas y el fuego simplemente se apaga, en cinco a ocho segundos.

Lo probó una y otra vez, más de 100 veces, hasta comprobar que funcionaba también con madera, líquidos inflamables, grasas de cocina y equipos electrónicos. No contamina, no deja residuos, no lastima a quien lo usa. Lo que empezó como un experimento escolar hoy tiene nombre propio, “Vortex Tech”, y lleva a Ángela a representar a México en una feria internacional, donde presentará al mundo su manera de combatir uno de los peligros más antiguos de la humanidad.

