El neurólogo John Lorber descubrió en 1980 que un estudiante de matemáticas de la Universidad de Sheffield, quien acudió a consulta por migrañas, prácticamente no tenía cerebro debido a una hidrocefalia severa. 🤯

El escáner reveló que su cráneo estaba lleno de líquido cefalorraquídeo, con una masa cerebral de apenas 50 a 150 gramos en lugar de los 1.5 kg habituales.

Curiosamente, a pesar de tener solo una fina capa de células cerebrales, el joven era plenamente funcional, tenía una vida social normal y un IQ de 126.

Tras este hallazgo, Lorber estudió 600 casos similares, encontrando que varios pacientes con menos del 5% de cerebro poseían una inteligencia superior.

Teorías recientes sugieren que en estos casos la materia cerebral en realidad no está ausente, sino extremadamente compacta en el espacio disponible. 🧠
