Oleksandr no era un militar de carrera. Trabajaba en la acería Ilyich, en Mariúpol, y no combatía desde 2014.

El 21 de febrero de 2022 se presentó como voluntario en la oficina de reclutamiento. Días después empezó la guerra y él ayudó a defender su ciudad. En la primavera de ese año cayó prisionero de las fuerzas rusas.

Su esposa, Olena Zolotariova, publicó las fotos del reencuentro tres años más tarde. Organismos como la ONU y Amnistía Internacional documentaron golpizas, descargas eléctricas y aislamiento prolongado contra prisioneros ucranianos como él. El cuerpo de Oleksandr, dicen quienes lo vieron, cuenta esa historia sin necesidad de palabras.

