Richard Jewell tenía 34 años, vivía con su madre y trabajaba como guardia de seguridad en el Centennial Park de Atlanta cuando algo le llamó la atención: una mochila verde debajo de un banco, sin dueño.

Actuó rápido. Alertó a la policía, empezó a evacuar gente. Minutos después, la bomba explotó. Fue el explosivo casero más potente jamás registrado por el FBI, y aun así murió una sola persona por el trabajo de Jewell.

La CNN lo presentó como héroe nacional. Pero 72 horas más tarde, el mismo diario que lo había ovacionado publicó que el FBI lo investigaba como principal sospechoso. Su aspecto físico, su vida solitaria y su deseo frustrado de ser policía fueron suficientes para construir un perfil criminal sin una sola prueba real. Tres meses después quedó libre. El verdadero culpable, Eric Rudolph, confesó recién años después.

