Sonya Massey tenía 36 años y solo había llamado al 911 para pedir ayuda.
Era julio de 2024, en Springfield, Illinois, y creyó ver a un intruso en su casa. Quien llegó fue Sean Grayson, agente del condado de Sangamon. Según el testimonio judicial, ella levantó una olla con agua hirviendo de la estufa mientras respondía a un comentario religioso del propio Grayson. Él lo interpretó como una amenaza y le disparó. Todo quedó grabado en la cámara corporal de otro agente que lo acompañaba.

En octubre de 2025 un jurado lo declaró culpable de asesinato en segundo grado, y en enero de 2026 recibió 20 años de cárcel. Pero Grayson ya cargaba otra sentencia: un cáncer de colon diagnosticado en 2023 que para entonces se había extendido al hígado, los pulmones y el recto. En mayo pidió libertad médica anticipada bajo una ley de Illinois para reclusos terminales. Un mes antes de morir, se la negaron. El domingo 23 de agosto de 2026 falleció en prisión, a los 32 años, apenas seis meses después de empezar a cumplir su condena.

