El papel higiénico jamás limpia. Solo esparce lo que ya estaba ahí, aunque tú sientas que quedaste impecable.
Un estudio de la Universidad de Wake Forest lo confirmó: después de usar papel, todavía queda materia fecal distribuida en la piel. Los pañitos húmedos tampoco son la solución perfecta, porque su alcohol y sus fragancias terminan irritando una zona que ya es delicada de por sí.
El agua, en cambio, no arrastra ni esparce nada. Por eso en Japón, Corea del Sur e Italia el bidet dejó de ser un lujo y se volvió parte del baño estándar. Tal vez sea hora de que tú también lo consideres 🚽

