Kavita Kalam, de 38 años, en Wardha, India, llevaba siete meses conviviendo con un dolor que no se iba y con un cuerpo que ya no reconocía como suyo.

Su abdomen había crecido hasta medir 106 centímetros de circunferencia, empujado por un quiste ovárico que terminó pesando cerca de 18 kilos: el 95% de toda la masa de su vientre. No podía pagar un hospital, así que aguantó. Respirar se volvió difícil, comer también, y fueron sus propios vecinos quienes juntaron el dinero que a ella le faltaba para operarse.

Cuando por fin llegó a manos de la doctora Arpita Jaiswal Singam y el doctor Abhishek Kothule, el equipo médico se encontró ante una de las masas más grandes que habían visto en ese hospital. La retiraron intacta, sin romperla, a través de una incisión de apenas 2 centímetros sobre el hueso púbico. Kavita quedó estable y, poco después, volvió a comer alimentos sólidos por primera vez en meses.

