Rebecca Belote, de Georgia, recuerda el 4 de marzo de 2026 como el día en que se despidió de Cha Cha. Su pug de 4 años estaba aletargada, con sed y micción excesivas, y en Senoia Animal Hospital le dijeron que tenía fallo orgánico y cetoacidosis diabética. Según Belote, el personal recomendó la eutanasia.


La familia aceptó y pagó 716,50 dólares por la eutanasia y la cremación comunitaria. Su hijo de 17 años, que cargaba a la perra a todas partes y tenía sudaderas a juego con ella, quedó devastado.

Meses después, mientras navegaba por Facebook, Belote vio la foto de un pug y lo supo al instante: “Esa es mi perrita”. Según ella, un exempleado del hospital le confirmó que una trabajadora se llevó a Cha Cha a su casa, y la pareja de esa empleada dijo que la perra estaba mejor.
El hospital lo niega todo y la mujer denuncia que la perra fue sacrificada para ocultar la verdad. Rebecca presentó una queja ante la Junta Estatal de Medicina Veterinaria de Georgia. ¿Qué habrías hecho tú?

