Puppy acompaña a su dueña a todas partes y, sin buscarlo, terminó convirtiendo una de sus actividades en una tradición que muchos humanos quisieran tener.
La perrita se acomodó en un sillón rojo del bar y simplemente se dedicó a disfrutar de la música, mientras los clientes se acercaban a hacerle cariño. Una buena vida, sin duda.
Muchos de nosotros a veces olvidamos nuestros pasatiempos y que las cosas simples pueden ser tan reconfortantes.
Para Puppy, este ya era su tercer compromiso del día y ya había pasado su hora de dormir, pero eso no fue motivo suficiente para perderse su cita con el jazz. Los domingos de jazz son toda una tradición en Wellington, Nueva Zelanda, y en @thelibrarywellington Puppy y su humana llevan yendo juntos desde 2015. Once años después, siguen sin faltar a la cita.
