Un taxi destrozado en plena fiesta. Así terminó la noche para un conductor de Nueva York cuando los festejos por la victoria de los Knicks se salieron de control y su auto, su única fuente de ingresos, quedó reducido a chatarra sobre la calle.

Lo que siguió fue lo que nadie calculó. Extraños que ni siquiera lo conocían empezaron a compartir su historia, y en cuestión de días una campaña de recaudación reunió más de 75.000 dólares. Mensajes de apoyo, donaciones de a poco y de mucho, gente que solo quería que ese hombre volviera a trabajar.

Hoy tiene no solo un auto nuevo, sino la prueba de que en medio del caos de una ciudad de ocho millones de personas, todavía existen suficientes desconocidos dispuestos a sostener a uno solo.

