Felicia Hambrick tenía a la bebé en brazos cuando el pitbull salió del dormitorio.


Cuidaba a los tres hijos de su mejor amiga, Cassy, que estaba de viaje de aniversario con su esposo. Los niños tenían 6 años, 3 años y 8 meses. Felicia le daba jugo de manzana a la más pequeña mientras los otros dos veían televisión. Roscoe, el pitbull de la familia, llevaba un rato encerrado en un cuarto, frenético, intentando salir.




Cuando logró salir, fue directo hacia ella y la derribó. En plena caída, Felicia cuidó que la cabeza de la bebé no golpeara el suelo. Después puso su cuerpo entre el perro y la niña, y ahí se quedó mientras Roscoe la mordía y la arañaba. “Sabía que a ella no la quería”, contó después. “Venía por mí.”

La madre de Cassy, que había salido un momento, volvió, golpeó al perro con una escoba y logró sacarlo, aunque también recibió mordidas en los brazos. Los bomberos atendieron a Felicia. La bebé no tenía ni un rasguño. Roscoe fue sacrificado después, y Cassy lo resumió así: “Si el perro hubiera llegado a mi bebé de alguna forma, podría haber muerto.”



