Douglas Hegdahl tenía 20 años cuando cayó al mar desde el USS Canberra, en el golfo de Tonkín, el 6 de abril de 1967. Pasó horas a la deriva antes de que unos pescadores lo entregaran a los norvietnamitas. Terminó en la prisión de Hỏa Lò, la que los prisioneros llamaban Hanoi Hilton.

Adentro, eligió una estrategia poco heroica en apariencia: hacerse pasar por tonto. Fingió no saber leer ni escribir. Los guardias le creyeron tanto que lo apodaron “el increíblemente estúpido” y le dieron libertad para barrer el campo.
Con esa libertad, y con la ayuda del piloto Joseph Crecca, memorizó nombres, fechas de captura y datos de 256 prisioneros. Usó la melodía de Old MacDonald Had a Farm para no olvidar ninguno.

En agosto de 1969, Vietnam del Norte decidió liberarlo como gesto propagandístico. Hegdahl se negó por honor. Fue el comandante Richard Stratton quien le ordenó aceptar.
Al volver, entregó cada nombre. 256 familias supieron, por fin, si esperaban a alguien vivo.

