Una voluntaria revisó las cámaras de seguridad de un refugio en Brasil y descubrió una escena que la sorprendió: Antônio Anastácio Calheiros, de 58 años, dormía sobre una mesa de madera, dura y fría, sin colchón ni almohada, mientras decenas de perros permanecían a su alrededor. No era una situación ocasional ni una forma de llamar la atención. Antônio había elegido dormir allí para poder escuchar a los animales durante la noche y evitar que se pelearan.

El hombre vive con más de 800 perros en una chacra de Marechal Deodoro, en el estado brasileño de Alagoas. Para poder comprar el lugar donde funciona el refugio, vendió algunos de sus muebles. Después, cuando necesitó dinero para alimentar a los animales, vendió prácticamente todo lo que le quedaba en su casa.

Mantener a tantos animales representa un enorme desafío. El refugio consume aproximadamente 200 kilos de alimento al día, además de necesitar medicamentos, tratamientos y comida especial para perros que padecen problemas de salud, baja inmunidad o desnutrición. Antônio cuenta con dos trabajadores y una cocinera que ayudan con las tareas del lugar. El refugio funciona principalmente gracias a donaciones.

La decisión de dormir sobre la mesa tiene una explicación concreta. Según contó Antônio, en el refugio no había suficientes caniles y algunos perros grandes convivían con otros pequeños, además de tener distintos temperamentos. Por eso prefería mantenerse cerca durante la noche: si dormía lejos, no podía escuchar lo que ocurría entre ellos.

Antônio también explicó que intenta mantener a los perros sueltos siempre que sea posible y que evita mantenerlos encadenados. Solo algunos animales considerados muy agresivos permanecían sujetos porque podían lastimar a los demás.

De un grupo que llegó a acercarse a los 900 perros, calculaba que solamente 14 o 15 permanecían encadenados, es decir, menos del 1%. En ese momento, además, estaban construyendo caniles más grandes para que esos animales pudieran tener mayor espacio.
Su historia con los perros comenzó después de la muerte de su única mascota, una pitbull que enfermó. A partir de entonces empezó a rescatar, cuidar y proteger animales abandonados, hasta terminar dedicando prácticamente todos sus recursos a una tarea que había comenzado con un solo perro y que terminó involucrando a cientos.
