Dorothy Stang tenía 73 años cuando fue asesinada en la Amazonía brasileña. Era una monja estadounidense que había llegado a Brasil en 1966 y llevaba casi cuatro décadas trabajando junto a comunidades rurales de la región. En Anapu, en el estado de Pará, ayudaba a pequeños agricultores a conseguir tierras, organizarse y desarrollar proyectos de agricultura sostenible, en una zona marcada por los conflictos entre campesinos, grandes propietarios e intereses vinculados a la explotación de la tierra.

Su trabajo también la convirtió en un blanco. Dorothy comenzó a recibir amenazas de muerte, pero se negó a abandonar a las familias con las que trabajaba. “No quiero huir ni abandonar la lucha de estos campesinos que viven sin ninguna protección en el bosque”, había escrito. En otra ocasión resumió su postura de una manera todavía más directa: “No es mi seguridad, sino la de la gente lo que importa”.

El 12 de febrero de 2005, Dorothy caminaba hacia una reunión con campesinos cuando dos hombres la interceptaron. Uno de ellos, Rayfran das Neves Sales, confesó posteriormente haberle disparado. Según su testimonio, la monja sacó una Biblia que llevaba consigo y comenzó a leer un pasaje del Evangelio de Mateo antes de recibir seis disparos a corta distancia. Murió en el lugar.

La investigación vinculó el asesinato con los conflictos por la tierra en la región. El caso provocó una fuerte reacción en Brasil y puso nuevamente la atención internacional sobre la violencia que enfrentaban las comunidades rurales de la Amazonía. También hubo un largo proceso judicial para determinar quién había ordenado el crimen, con condenas y posteriores cambios en la situación de los acusados.

Dorothy sabía que estaba amenazada y aun así decidió quedarse. Durante décadas había construido su vida alrededor de las familias que consideraba más desprotegidas y, hasta sus últimos días, mantuvo la decisión de no abandonarlas. Cuando murió, tenía 73 años y llevaba una Biblia en las manos.
