(FOTOS) Doyle Lee Hamm: sobrevivió a un intento de ejecución de dos horas y media y murió de cáncer en prisión

Por Ignacio M.
14 October, 2026

Doyle Lee Hamm llevaba décadas condenado a muerte cuando, en febrero de 2018, llegó el momento de cumplir la sentencia. Sin embargo, el procedimiento que debía acabar con su vida terminó suspendido después de que el equipo médico no lograra encontrar una vía intravenosa adecuada. Durante aproximadamente dos horas y media, los intentos se sucedieron sin éxito.

Hamm padecía un linfoma y tenía las venas gravemente comprometidas. Su abogado había advertido antes de la ejecución que sus condiciones médicas podían dificultar la administración de la inyección letal y exponerlo a un sufrimiento innecesario. Pese a esas advertencias, las autoridades de Alabama iniciaron el procedimiento el 22 de febrero de 2018.

Según los antecedentes judiciales, los intentos de acceso intravenoso incluyeron pinchazos en distintas partes de las piernas y la zona de la ingle. La ejecución fue finalmente cancelada cuando se acercaba la medianoche, hora en que vencía la orden judicial que autorizaba llevarla a cabo.

El caso provocó una disputa legal sobre los límites de la pena capital y sobre si las autoridades podían volver a intentar ejecutar a una persona después de un procedimiento fallido. La defensa sostuvo que lo ocurrido había sido extremadamente doloroso y que someterlo a un segundo intento constituiría un castigo cruel e inusual. Finalmente, Alabama acordó no volver a buscar una fecha para ejecutarlo.

Pero Hamm no recuperó la libertad. Continuó preso hasta noviembre de 2021, cuando murió a los 64 años por complicaciones del cáncer que padecía. Nunca volvió a ser sometido a una ejecución.

Su condena se remontaba a 1987, cuando fue sentenciado a muerte por el asesinato de Patrick Cunningham, empleado nocturno del Anderson Motel, en Cullman, Alabama. Cunningham recibió un disparo durante un robo en el que también fue sustraído dinero. El caso llevó a Hamm al corredor de la muerte, donde permaneció durante décadas.

Su historia terminó con una paradoja difícil de ignorar: el Estado había intentado ejecutar la sentencia, pero no pudo completar el procedimiento. Años después, Hamm murió en prisión por la enfermedad que ya padecía cuando las autoridades intentaron matarlo.

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