En 2018, Sharran Sutherland estaba embarazada de su hijo Miran cuando, durante una ecografía, los médicos descubrieron que su corazón había dejado de latir. El embarazo había transcurrido con normalidad hasta entonces. Según relató posteriormente, le recomendaron realizarse un procedimiento de dilatación y curetaje, pero ella pidió otra alternativa porque quería poder ver y sostener a su hijo.

El 23 de abril, Sharran fue sometida a una inducción y finalmente dio a luz a Miran. Después de la pérdida, ella y su esposo Michael decidieron conservar el cuerpo del bebé en una solución salina dentro de un recipiente durante varios días.

“Lo tuvimos casi una semana”, recordó Sharran. Durante ese tiempo pudo tomarle fotografías, hacerle huellas de las manos y despedirse de él antes de enterrarlo en una maceta donde plantaron una hortensia.

Las imágenes que la familia tomó muestran a Miran, que medía aproximadamente 10 centímetros y pesaba 26 gramos. Sharran quedó especialmente impactada al verlo y describió sus pequeños rasgos: “Sus orejas, su lengua, sus encías, sus labios”. También recordó que su rostro le parecía parecido al de uno de sus otros hijos. Para ella, ese momento fue muy diferente de lo que había imaginado a partir de los dibujos que aparecen habitualmente en los libros sobre el embarazo.

Con el tiempo, Sharran decidió publicar las fotografías y contar públicamente su experiencia. Su historia también adquirió un componente de activismo contra el aborto, algo que ella misma expresó de manera explícita en sus publicaciones. Más allá de esa postura, el caso puso en circulación las imágenes de una pérdida gestacional y abrió una conversación sobre la manera en que distintas familias viven el duelo después de un aborto espontáneo. Sharran, por su parte, sostuvo que haber podido conservar a Miran, fotografiarlo y despedirse de él fue parte importante de su propio proceso de duelo.
