Imagina pagar por acostarte en un ataúd. No para ensayar nada: para meditar.
En Japón es posible. En un salón de Tokio llamado Meiso Kukan Kanoke-in, en el barrio de Takadanobaba, los clientes eligen entre tapa abierta o cerrada y pasan unos 30 minutos dentro. Según VICE, algunas sesiones incluyen música o visuales y otras apuestan solo por el silencio y la quietud. La práctica se conoce como “coffin-lying” y, según Bridges Magazine, se popularizó a partir de una funeraria de Futtsu, en la prefectura de Chiba.


Lo más llamativo es el diseño. Grave Tokyo, la empresa vinculada al salón, fabrica ataúdes coloridos y “cute” que rompen con la estética funeraria de siempre. Detrás está la diseñadora Mikako Fuse, que dice que busca suavizar la relación de la gente con la muerte. Según un comunicado citado por VICE, su idea es esta: “Antes de elegir una muerte que no se puede revertir, quiero que experimenten una muerte que sí se puede revertir”. Los defensores de la tendencia esperan además que ayude a reducir el suicidio juvenil en Japón, una tasa que AOL describe como la más alta en más de cuatro décadas, aunque es una esperanza y no un efecto comprobado. ¿Tú te acostarías?



