Robert Albon, conocido como “Joe Donor”, comenzó a ofrecer su esperma por internet alrededor de 2013. Él asegura haber engendrado más de 180 hijos en todo el mundo, aunque esa cifra nunca ha sido corroborada. Su actividad se desarrollaba fuera del sistema regulado de clínicas de fertilidad.

El problema llegó cuando algunas familias descubrieron que Albon no siempre se conformaba con ser el donante. En Reino Unido, cuatro casos terminaron en tribunales después de que intentara obtener distintos derechos sobre niños que había engendrado: pidió ser reconocido como padre, responsabilidad parental, contacto e incluso, en un caso, que una niña viviera con él.

Uno de los casos ocurrió en Gales, donde intentó conseguir derechos sobre un niño concebido con su esperma y hasta quiso cambiarle el apellido para incorporar el suyo. El tribunal rechazó sus solicitudes y solo permitió un contacto indirecto muy limitado.

En otro caso, relacionado con una niña de Durham, pidió que ella viviera con él después de que las autoridades determinaran que su madre no podía hacerse cargo de ella. También perdió esa batalla.

El último episodio ocurrió en 2026. Albon pidió ser reconocido legalmente como padre de un niño nacido en 2021. Había recibido £100 por una primera muestra y una tarjeta de Amazon de £150 por la segunda, que produjo el embarazo. El tribunal confirmó que era el padre biológico, pero rechazó reconocerlo legalmente como padre, considerando que hacerlo sería contrario al interés público debido a la escala y naturaleza de su actividad.

Los jueces también advirtieron sobre los riesgos de su actividad: no existe un registro fiable de todos sus hijos, no se aplican los controles de una clínica regulada y existe el riesgo de enfermedades, problemas genéticos, encuentros involuntarios entre medio hermanos y futuras disputas legales. En 2023, un tribunal incluso ordenó publicar su identidad para advertir a otras mujeres sobre sus servicios.

Albon, sin embargo, ha seguido presentándose públicamente como “Joe Donor”. Su historia terminó convirtiéndose en un extraño conflicto entre ser el padre biológico de un niño y tener derecho a ocupar un lugar en su vida: los tribunales británicos han dejado claro que ambas cosas no son necesariamente lo mismo.
